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Beato Miguel Agustín Pro: Santo Mártir de México

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     “Ningún sufrimiento ni ninguna enfermedad grave, ni la actividad ministerial agotadora, frecuentemente llevada a cabo en circunstancias difíciles y peligrosas, podría sofocar la alegría radiante y contagiosa que trajo a su vida por Cristo y que nadie puede quitar. De hecho, la raíz más profunda de entrega abnegada a los humildes era su amor apasionado por Jesucristo y su deseo ardiente de ser conformado a él, incluso hasta la muerte.”
Papa Juan Pablo II en la Beatificación del padre Pro en México el 25 de septiembre de 1988
 

     Era un hombre conocido por su alegría, su humor, su pureza de corazón, y desde la infancia tenía una fe intensa y constante. No tenía cara larga, no era un santo serio, sino uno que siempre estaba listo con una buena broma, una historia de humor o tocando una canción en su guitarra- incluso le encantaba dibujar historietas. Llamado 'Miguelito' por su familia, tenía un irreprimible sentido de aventura, irritándolos con frecuencia por su audacia y parecía atraído a situaciones peligrosas donde iba a hacer travesuras. Después de una mala caída en particular, perdió el conocimiento durante muchas horas, y cuando finalmente despertó ante las desenfrenadas oraciones de su mamá, lo primero que pidió fue 'Cocol', su pan dulce mexicano favorito, y ¡así ganó su apodo!
     Nació el 13 de enero 1891 en Guadalupe, Zacatecas, de un ingeniero de minas y su esposa, la tercera de 11 hijos, y siempre se destacó por su vivacidad e ingenio. A los cuatro años difícilmente escapó de la muerte, cuando una niñera cariñosa lo sobrealimentó con tejocotes hasta que enfermó y entró en coma; sus padres lo ofrecieron a la Virgen de Guadalupe y salió de su sordera, mudez y aturdimiento de casi un año antes de que se recuperara completamente- ¡sus padres necesitaban muchas oraciones para tener ileso al chico dulce, pero travieso en su infancia! Creció hasta volverse un hombre joven y guapo, que muchos esperaban que se casara bien y siguiera a su padre en el negocio, pero Miguel fue inspirado por la fe de sus dos hermanas mayores, que tomaron el velo para unirse al Convento del Buen Pastor; Miguel renunció a todo por Cristo su Rey y entró en el noviciado de los jesuitas en El Llano, Michoacán en 1911.
     Miguel estudió en México hasta 1914, cuando el movimiento anticlerical del gobierno ganó terreno y los curas y las monjas practicaban bajo amenaza de muerte. Los hermanos jesuitas caminaron por Nuevo México y Texas hasta que llegaron seguros a Los Gatos, California, y desde allí fueron enviados a España para continuar su noviciado. La devoción del joven sacerdote a la Virgen, su profundo amor por Cristo, lo sostuvieron durante años del sufrimiento físico que tuvo que soportar: úlceras estomacales y problemas digestivos que se volvieron tan intensos, que fue operado en tres ocasiones y más de una vez casi muere de desnutrición- a pesar de todo permaneció entregado e incluso sorprendía a sus hermanos con sus bromas. Uno de sus compañeros, el Padre Pulido, dijo que él “nunca había visto un ingenio tan exquisito, nunca ordinario, siempre brillante” y comentó que había dos Pro: el Pro travieso y el Pro devoto.
     El Padre Pro fue ordenado el 25 de agosto de 1925 y fue enviado a Enghien, Bélgica para recuperarse de una operación; allí disfrutaba predicarle a los mineros, muy familiares para él desde sus días de infancia cuando jugaba con el personal de su papá- su mensaje alegre hizo a muchos convertirse verdaderamente. Fue durante este tiempo, cuando estuvo una vez más en el hospital, que escuchó que su querida madre había fallecido, y el anhelo de volver a casa se hizo intenso. Aunque sabía que su país estaba en agitación política, puso una solicitud para regresar- sintió que lo necesitaban y sólo quería servir a su pueblo en su hora de mayor necesidad.
     En julio de 1926, el Padre Pro llegó a Veracruz; Plutarco Elías Calles era ahora presidente, y ese mismo mes comenzó a hacer cumplir vigorosamente su ferozmente anticlerical Ley Calles, haciendo peligrosa la vida para aquellos sacerdotes que optaban por continuar siguiendo su Fe. En algunos estados, todas las iglesias fueron cerradas y muchos clérigos fueron torturados, asesinados y algunos obligados a casarse. En esta atmósfera de violencia, el Padre Pro eligió servir de forma encubierta, clandestinamente y quedó bajo sospecha. Fue durante este tiempo que su sentido del humor y gran fe vinieron en su ayuda, ya que ideó muchas formas de servir al pueblo mexicano, creando disfraces inteligentes- de cartero, mago, albañil, mendigo y más- para ir tranquilamente por la ciudad bautizando, dando a la Eucaristía, orando por los enfermos, haciendo ceremonias de matrimonio, incluso vistiendo como un policía con el propósito de entrar a cárceles para escuchar confesiones y ofrecer los últimos ritos.
     El otoño de 1927 encontró al general Alvaro Obregón haciendo campaña para re-elección- ahora que el mandato de Calles estaba llegando a su fin, le dio su apoyo de nuevo a su amigo y antecesor. Como un gesto de despedida, Calles intensificó su persecución a la Iglesia a sus alturas más sangrientas. Una semana en octubre vio a 300 de los fieles sacrificados por profesar públicamente su religión católica. El 13 de noviembre, cuando Obregón conducía para asistir a las corridas de toros, un auto con cuatro hombres se detuvo de repente junto a su Cadillac, y uno de ellos arrojó dentro una bomba- la explosión destrozó las ventanas, pero no dejó a nadie seriamente herido. Tres de los cuatro asaltantes fueron capturados. Durante la investigación, se descubrió que el carro de los asaltantes, justo tres semanas antes del ataque, había sido propiedad de alguien llamado Humberto Pro, hermano del Padre Pro.
     Esto fue suficiente para enviar al Padre Pro y a su hermano a la cárcel, a pesar de que la persona que lanzó la bomba apareció y confesó su crimen; ya era demasiado tarde para salvar al amado sacerdote. Calles dio la orden para su ejecución, sin juicio, y creyendo que un simple sacerdote se debilitaría y pediría misericordia, tenía a un grupo de fotógrafos allí para grabar su descompostura- pero iba quedar muy decepcionado. Después de 10 días en una celda oscura, un policía llegó para dirigir a Miguel y a Humberto al campo de tiro en el patio. El hombre se sintió incómodo y le pidió al Padre Pro que lo perdonara- el sacerdote alzó los brazos y los puso sobre los hombros del hombre, diciendo amablemente, "No sólo te perdono, sino que te agradezco y voy a orar por ti.”
     El Padre Miguel Agustín Pro de sólo 36 años, ojos oscuros, guapo, estaba completamente calmado mientras caminaba rápidamente hacia el campo de tiro. Pidió solamente poder orar, y las fotos lo muestran arrodillado en silencio antes de su muerte; osadamente rechazó una venda. Con un crucifijo en una mano y el rosario en la otra, se paró frente al pelotón de fusilamiento con los brazos extendidos en forma de cruz. Con una voz clara y fuerte, sus últimas palabras fueron: “¡Que Dios tenga misericordia de ustedes! ¡Que Dios los bendiga! ¡Señor, tú sabes que soy inocente! ¡Con todo mi corazón perdono a mis enemigos! “Cuando los soldados levantaron sus fusiles, exclamó: “¡Viva Cristo Rey!
     La primera descarga no lo mató, así que mientras yacía sangrando, un soldado se acercó, se inclinó hacia él y le disparó en la cabeza. Afuera de las puertas, su hermana Ana María, a la que habían impedido verlo, lloró ardientes lágrimas de dolor. Cientos de dolientes siguieron los cuerpos de los hermanos mártires hacia el hospital, donde su padre esperaba para recibirlos. Calles envió una orden alrededor de la ciudad de que cualquier persona que siguiera el cortejo fúnebre sería arrestado- sin embargo, 30,000 fieles acompañaron el cuerpo del Padre Pro hacia su descanso final.
     El beato Miguel Agustín Pro ha sido un consuelo para mí en momentos de dolor, ayudándome a superar obstáculos- mi deseo es compartir su historia con los que necesitan su ayuda. Por las muchas veces que me ha ayudado, prometí pintar su retrato, el cual está copiado para este artículo. La foto en la parte superior muestra el momento de su muerte; la cruz y la Virgen y el Niño fueron pintados de aquellos que poseía; en la silla esta su 'cocol' favorito y en la parte posterior cuelga un hermoso sombrero, porque como dijo, “¡Si me encuentro allí con algunos santos con cara larga, voy a animarlos con un baile del sombrero mexicano!” Vaya a www.angelilluminations.com para ordenar impresiones, tarjetas o camisetas con esta imagen.
     Puede encontrar más información sobre el beato Miguel Agustín Pro en http://puffin.creighton.edu/jesuit/pro/ originalmente creado por su amiga Ann Ball, quien también escribió su biografía ('Blessed Miguel Pro: 20th Century Mexican Martyr' en Amazon). El sitio web es mantenido ahora por un hermano jesuita; también tiene las fotos de su muerte.
     Para los niños puede pedir 'Jose Finds the King-A Blessed Miguel Pro Story' escrito por Ann Ball, ilustrado por Eileen McCook, en Amazon; o  vaya a http://0307843.netsolhost.com/literature/GLORY_JFK.htm busque 'Celebrating Miguel Pro' por Verónica María Jarski, equipado con juegos, actividades, manualidades y mucho más, esta es una estupenda forma de celebrar la vida del santo mártir de México. Busque The Merry Martyr en Google.com para encontrar la serie de cómics re-publicados en internet de la vida del Padre Pro a través de la revista católica infantil, Treasure Chest of Fun & Fact.

    

 

 

 

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Thursday, September 3, 2015