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Racismo

     Hace unos meses, recibí una llamada telefónica de un hombre muy enojado de nuestra comunidad, que quería mi ayuda para demandar a su empleador por racismo. Hablamos por un rato sobre el asunto. Claramente estaba enojado y claramente había un problema en su lugar de trabajo, pero nada de lo que describía era racismo. Había muchos problemas como una mala administración, la ignorancia de su empleador, la rudeza, pero nada que ascendiera al racismo. Puesto que no soy un abogado, le di los nombres de unos cuantos abogados a los que podría consultar.
     Mi primer recuerdo de racismo es desde la infancia. Sin embargo, no fue un ataque hacia mí o hacia otro latino. Mejor dicho, fue un latino el que estaba haciendo comentarios desagradables y racistas sobre otra persona que no era latina. En otra ocasión, mientras estaba de compras con mi mamá, recuerdo escuchar decir a una mujer, “esa mujer me dio una mirada racista.” Yo era muy pequeño en ese momento y no pensé mucho sobre ello, pero quedó grabado en mi mente.
     Unos años después, comencé a cuestionar la lógica detrás de esa frase. ¿Qué es exactamente una “mirada racista?” A medida que crecía en la adolescencia y luego a la edad adulta, mi comprensión del racismo y las muchas falsas creencias asociadas a él también crecieron. El racismo no es algo que “sentimos”. Es una actitud de prejuicio y discriminación profundamente arraigada hacia las personas de otra raza.
     Mi gran descubrimiento es que el racismo es tanto inclusivo como exclusivo. Que una persona o un grupo le desagrade y los excluya de igualdad de trato debido a su raza es racismo, así como lo es darle preferencia a un grupo o a una persona, y por lo tanto incluirlos en base a su raza. Un ejemplo sería la elección del presidente Obama. Si usted votó contra Barack Obama por que es negro, es un racista, y por la misma razón, si usted votó por él por su raza, entonces también es un racista.
     Esto no quiere decir que nunca he sido testigo o víctima del racismo. Todo lo contrario. Mis padres inmigraron de México, luego se mudaron a Chicago junto con las familias de mis dos tías. Mi tío Rafael, era el líder de la familia y sintió que había más oportunidad en Chicago que en el sur de California, donde teníamos familia. Fue allá en Chicago, primero en el centro de la ciudad y luego en las afueras, que me familiaricé íntimamente con el racismo. He sido testigo de gente siendo atacada por su raza. He visto a estudiantes de secundaria, en Chicago, lanzando insultos raciales a un empresario que estaba caminando por el vestíbulo de mi escuela, todo porque era de una raza diferente. Para ser culpable de racismo, tiene que estar comprometido un acto que muestre un prejuicio racial discriminatorio.
     Con mucha frecuencia me llama gente enojada afirmando ser víctima de racismo. Después de discutir el incidente por unos cuantos minutos, la verdadera queja es la forma en que fueron tratados. Si una persona es grosera, no significa que sea racista. Los hace groseros y malcriados, pero el racismo es más que la opinión de alguien o que herir los sentimientos. Muchas de las personas que se quejan conmigo por ser víctimas de racismo, no consiguieron lo que querían, tuvieron que pagar una consecuencia, o alguien fue grosero con ellos. Los únicos tipos de racismo que nos afectarán a algunos de nosotros directamente son los actos racistas. Nadie sobre las fas de la tierra, y creo que las investigaciones confirman esto, puede leer la mente de alguien.
     Si deseamos contar con el punto de vista o la opinión de alguien, lo hacemos con hechos, no con sentimientos. Llamar a alguien racista porque no esta de acuerdo con su mensaje o porque hiere sus sentimientos es infantil. El camino hacia la igualdad racial comienza en uno mismo, no con leyes.

Issue Month: 
Friday, July 8, 2016