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¿Ahora qué?

El mundo llegó a su fin el martes 8 de noviembre.
Para mí y muchos de mis amigos, el desespero y el creciente sentimiento de pesimismo- a medida que retumbaban las elecciones y veíamos los mapas gigantes de los colegios electorales mostrando estado tras estado volviéndose rojo Republicano, seguido por el hecho de que un bufón de cabello anaranjado llamado Donald J. Trump haya sido elegido como Presidente de los Estados Unidos- fue demasiado para soportar.
Pero luego el sol salió el miércoles en la mañana. Y, al final de esa semana, la conmoción dio paso a diferentes emociones- primero resignación, luego determinación.
Los análisis posteriores a las elecciones me forzaron a admitir que no es justo decir que Donald Trump salió victorioso debido a su atractivo hacia los instintos básicos de la gente. El racismo, sexismo y la misoginia del presidente electo jugaron todos un papel importante para atraer a algunos votantes. Pero un número igual, si no más grande, fue atraído por la promesa de Trump de mejorar su estatus económico familiar y reorganizar las cosas en Washington.
Por supuesto, su aceptación fue más fácil para mí, un hombre blanco mayor, de clase media, que para muchos de mis amigos más jóvenes, especialmente aquellos estudiantes indocumentados y jóvenes profesionales cuyas vidas habían cambiado drásticamente para bien, después de que el presidente Obama ajustó temporalmente su estatus legal por medio de DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia).
El nuevo presidente electo ha etiquetado públicamente a los inmigrantes indocumentados como traficantes de drogas, criminales y violadores, y con su ascenso al poder instantáneamente retrocedieron a la vieja red de incertidumbre y paranoia justificada donde habían existido la mayor parte de sus vidas. Y los receptores de DACA son particularmente vulnerables ya que han revelado muchos detalles privados sobre sus vidas aquí y se sometieron a extensos controles de antecedentes para poder calificar.
Leer sus publicaciones en Facebook inmediatamente después de la elección fue una experiencia dolorosa. Sus reacciones iban desde desconcierto- “He estado aquí desde que tenía una semana de nacido. No tengo nada allá. Ni familia, ni amigos. No tengo idea de cómo hacer algo en México.” a desafío- “Si me deportan 10 veces, volveré 10 veces.” a humorísticas- “¡Haremos grande a México de nuevo!”
Muchos de los seguidores de Donald Trump están indignados por las acciones de miles de manifestantes que se tomaron las calles para denunciar su elección. Aunque no justifico los actos de violencia o destrucción de la propiedad, no entiendo su frustración y enojo. Como crítico de derecha a Rush Limbaugh le gusta recordarnos, “Las palabras tienen significado” y las palabras repugnantes y llenas de odio pronunciadas por Donald Trump y sus secuaces a través de este interminable ciclo de elección, son pollos venenosos que ahora han llegado a casa a quedarse.
Hoy, casi dos meses después de su inauguración, escuchamos a Trump con aliento abatido y analizando sus palabras buscando pistas para el futuro de la reforma migratoria. ¿Su retórica anti inmigrante fue solo una maniobra para atraer a los votantes? ¿Trump realmente habló en serio en esa entrevista en 60-Minutos cuando dijo que los criminales convictos serían su máxima prioridad para deportación y que a los inmigrantes respetuosos de las leyes les permitiría quedarse? ¿No es demasiado pragmático para arriesgarse a perjudicar la economía con deportaciones masivas?
No podemos responder esas preguntas hoy. Lo que podemos hacer es mirar a las personas que Trump esta escogiendo para dirigir su equipo de transición y hacer unas suposiciones fundamentadas basados en su historial.
En palabras de mi querido amigo Bubba, “¡No se ve muy bien!”
Se informa que el Secretario de Estado de Kansas, Kris Kobach, quien ayudó a escribir las severas leyes de inmigración en Arizona, es un miembro clave del equipo de transición de Trump, así como el Senador de Estados Unidos Jeff Sessions, quien ha declarado su oposición a alguna vía para la ciudadanía para los inmigrantes indocumentados, y apoya los planes de Trump de construir un muro en la frontera sur.
Pero mis amigos inmigrantes tuvieron que enfrentar fuertes probabilidades durante la mayor parte de sus vidas. Donald Trump puede construir su muro pero ellos no renunciarán a sus sueños sin una lucha.

Issue Month: 
Thursday, December 1, 2016