La Voz Latina - Su puente a la comunidad Hispana de Georgia y Carolina del sur

Savannah en negro y moreno

  • Abuelo del autor, William Pleasant Jr. Foto por Savannahnow.com

Nota del editor: Publicamos este editorial invitado hace más de 10 años pero, tristemente, hoy es tan aplicable como lo fue en ese entonces.

‘Había una vez, que no habían latinos...’

Cuando dejé Savannah cuando era un adolescente, no habían “latinos” aquí de quienes hablar. Un puñado de cubanos exiliados y unos cuantos inmigrantes profesionales constituían la gran mayoría de la comunidad hispana de Savannah. Decir que los nativos no tenían casi ninguna relación con la gente de América Latina seria una subestimación tremenda. Los latinos no tenían una presencia social perceptible, y ciertamente se encontraban a años luz de la pantalla de radar en términos de su impacto en la política local. Eso fue hace mas de 20 años. La imagen obviamente ha cambiado profundamente.
El reciente influjo de miles de indocumentados de habla hispana al panorama de la política local dominada por los estadounidenses de chocolate y vainilla (siempre racial, por cierto), ha provocado una epidemia de picazón de cabeza y crujido de dientes.
En pocas palabras: ¿Qué deberían hacer los líderes locales de Savannah con un ejército creciente de trabajadores no incorporados, marginados e indocumentados? Parece que nadie tiene una respuesta. El resultado permanente es que los oportunistas han entrado en la brecha social y han minado la aparente crisis por cada trozo de capital material y político disponible. Ya sean los trepadores de arcilla roja de los condados de atrás que han convertido a los trabajadores latinos indocumentados en los últimos chivos expiatorios políticos por su fracaso en elaborar un programa de desarrollo económico y social viable e inclusivo para Georgia en los últimos 100 años, o los Pedros de traje de tiburón que ofrecen curas instantáneas a la mortificación de La Migra por un fuerte precio (siempre con dinero en efectivo), la población latina inmigrante siempre sale aislada y con la peor parte.
Escuchamos su dolor. Vemos su degradación. No obstante, en pocas excepciones, contestamos con un silencio estruendoso. Y en este ambiente de indiferencia social, ciertamente perdemos una parte de nuestras almas. Pero lo que es más importante, con el derecho a aislar, atacar y criminalizar a los latinos, sacrificamos más de un grano de nuestras libertades civiles en la falsa pira de nuestra seguridad nacional.
Pero ¿por qué no me uniré al club de los políticamente mudos cuando se trata del maltrato a los latinos en Savannah? ¿Soy un latino? No. De hecho soy afro americano proveniente de una familia que ha existido en el condado Chatham por cerca de 135 años. ¿Soy solo un desgraciado, el tipo de persona que alimenta a las palomas lesionadas y les devuelve la salud? No. Pero soy producto de una de las muchas subculturas de Savannah que fue socialmente progresista y globalmente orientada.
Desde 1865, el tradicional diálogo político y cultural no ha logrado resolver el sangriento conflicto entre negros y blancos en Savannah- siempre chisporrotea al borde de cada pregunta. No hay razón para creer que pueda incluso hacer una abolladura en lo que será un creciente conflicto entre los afro americanos y los latinos recién llegados sobre los escasos recursos económicos y sociales en la región. Pero sí sabemos que el miedo y el desconcierto entre los pueblos sirven como bases pobres de lanzamiento para la colaboración social.
Por accidente o diseño, escapé sintiéndome amenazado e incomodo con lo nuevo o diferente. Esoo es particularmente cierto con respecto a la gente latinoamericana. Cuando era niño, no tenía amigos latinos - no habían latinos alrededor. No fui a la escuela con mexicanos, guatemaltecos, salvadoreños... etc. No pude encontrar ninguno. Pero fui expuesto a la cultura latinoamericana a través de mi familia y sus prácticas.
Mis primeros recuerdos fueron los cuentos de Cuba de mi abuela materna. A comienzos del siglo XX, el antiguo ferrocarril Atlantic Coast Line era la principal arteria cultural y comercial de los estados Unidos en el este del Mississippi. El ACL también unió a los Estados Unidos con los vecinos latinoamericanos. Mi abuela era una camarera. Como miles de negros de es época, también fue trabajadora inmigrante. Ella seguía a los ricos de sus casas de verano en Maine, hasta sus retiros de invierno en Cuba. El Havana Special (un tren local muy lento) fue su alfombra mágica. Desde New York City a Savannah y mas allá, recogía a trabajadores domésticos y los dejaba en los muelles de Tampa, Florida. Desde allí tomaban embarcaciones a Cuba en el invierno.
Mi abuela hablaba con frecuencia sobre el ambiente social en Cuba. De hecho, una de las consecuencias de la anexión estadounidense de Cuba, fue la exportación mayorista de las leyes de Jim Crow a la contundentemente multirracial isla. Mi abuela solía decir: “¡Era como Mississippi!” Pero continuaba explicando cómo los cubanos, naturalmente incómodos con las políticas de Jim Crow codificadas por el color, lucharon para resistir el dictamen estadounidense. Mi abuela decía con regocijo que ellos “siempre violaban la ley”. Amaba a los cubanos.
Mi abuelo paterno, un viejo intelectual bastante exigente, llego a la cultura latina desde un ángulo totalmente diferente. Era un especialista en el lenguaje romántico. Fluido en español, portugués, italiano y francés, se deleitaba mostrando sus habilidades a cualquier persona dentro del alcance del oído. Se desempeñó como intérprete en el antiguo Seamen's Hospital (anteriormente ubicado en el centro de Savannah en las calles York y Drayton) y en la corte federal.
Mi padre y mi tío agarraron rápidamente las habilidades lingüísticas de su padre y se volvieron igualmente fluidos.
Me gustaba como mi padre manejaba hasta River Street los domingos, cuando el puerto de Savannah era en Savannah y no en Garden City, invitando a los marineros solitarios a cenar a casa. En cualquier domingo, nuestra casa estaría llena de hombres de una docena de países, entre ellos naciones latinoamericanas, quienes nos cautivaban a todos con las historias de sus vidas y sus patrias.
Estas y muchas otras historias construyeron la relación superficial que yo y otros en Savannah hemos tenido con los latinos, en lugar de su presencia. ¿Fue de alguna manera intensa o profunda? No. Pero permitió a muchos de nosotros protegernos contra el usual miedo mutuo y desconcierto que caracteriza la colisión entre culturas.
Hoy esta ocurriendo una colisión. No tenga duda de eso. La pregunta es, ¿quién nos conducirá a un resultado progresivo?

Issue Month: 
Thursday, February 2, 2017