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Matthew y el caos que siguió

  • Foto por www.beauforttoday.com
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El pasado octubre comenzó muy calladamente con apenas un susurro. La mayoría de nosotros estábamos ocupados con la vida cotidiana, fútbol de la escuela secundaria, el trabajo, haciendo diligencias, hablando con los amigos y la familia, y socializando- ya sea en las redes sociales o en persona. Mientras tanto, en el Atlántico, una tormenta estaba creciendo y comenzando a amenazar nuestra costa.
Personalmente, llegué a nuestro pequeños pedazo de paraíso el 2 de julio de 1982, en una camioneta. (Larga historia.) Beaufort ha sido mi hogar desde entonces. Aunque el Condado de Beaufort carece de muchas cosas, específicamente oportunidad económica, proporciona un ambiente tranquilo en el cual crear una familia. Así que todos mis recuerdos queridos y los de mis hijos están unidos a Beaufort y especialmente a nuestra pequeña casa en Pigeon Point. Dejar esa casa el 6 de octubre de 2016 fue muy conmovedor, pero la pérdida material era la menor de mis preocupaciones.
Esta pequeña casa siempre había sido nuestro santuario. Era un lugar de amor y risas. Habían recuerdos escondidos en cada esquina de esa casa. Nuestro hijos eran la cuarta generación de nuestra familia en vivir ahí. El 6 de octubre de 2016, abandonamos nuestra pequeña casa y escapamos. El futuro era incierto y nuestro optimismo no era mucho mejor. Mientras manejaba, miré hacia atrás y sentí como si estuviéramos abandonando a un viejo amigo.
La tormenta y sus consecuencias demostraron ser un tiempo de prueba y de grandes bendiciones para muchos de nosotros. Mientras el proceso de recuperación se puso en marcha, comencé a encuestar a las muchas personas con las que entré en contacto, preguntándoles por sus pensamientos y recuerdos del Huracán Matthew. En ciertas ocasiones, mi investigación fue sorprendente pero también reconfortante.
Para muchos, la peor parte del Huracán Matthew fue la devastación de la tormenta, la falta de comunicación, los problemas con los seguros, y ser desplazado. Estas fueron las cuatro quejas mayores. Todos temíamos que no tuviéramos nada al regresar y este miedo se volvió una realidad para algunos propietarios. Una familia en particular, a la que me voy a referir como los Joneses, tuvieron un árbol que se estrelló en su casa móvil y luego su casa fue saqueada. Cuando hablé con la “Sra. Jones” estaba perturbada.
Otros amigos de Fripp Island y HiltonHead me hablaron sobre sus vecinos que habían descubierto que el deducible de su seguro era mucho mayor de lo que pensaban. Uno de nuestros primos tuvo que llegar con $16,000. Es un hombre trabajador, pero esto resultó ser un verdadero esfuerzo.
La buena noticia de todo esto fue la efusión de generosidad entre los vecinos. En Alljoy Road todos los residentes se pusieron a trabajar y limpiaron los escombros de toda la calzada. Un vecino salió con su moto sierra para limpiar un árbol masivo que se había caído cerca a su casa y en 30 minutos hubo más de una docena de personas ayudándolo. Usando su cocina portátil, un restaurante de Beaufort, Bricks on Boundary, preparó toda la comida que pudo y alimentaron a los socorristas pro bono.
Nuestra pequeña casa sobrevivió ilesa. Ver por lo que algunos de nuestros vecinos pasaron, y especialmente lo que soportó Haití, me hizo sentir agradecido por mis circunstancias. Verdaderamente no tengo nada de que quejarme. Perdimos ingreso, gastamos dinero que no teníamos y nos incomodamos por unos cuantos días, pero esto es insignificante comparado con lo que otros soportaron.
Dios es bueno.
Este Día de San Valentín, recordemos el Huracán Matthew. Recordemos cuánto oramos, cómo nos cuidamos y especialmente los muchos actos de amor que presenciamos. Amar y ser amados son las mejores cosas en la vida.

Issue Month: 
Wednesday, February 1, 2017