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Fiebre de Primavera

  • el autor- Agustín Martinez, Beaufort, S.C.

Pronto estaremos parados afuera temprano en la mañana escuchando el chirrido de los pájaros, sintiendo la brisa fresca de la mañana con una sonrisa en nuestros rostros en anticipación al acercamiento de la primavera.
Es un momento del año maravilloso. Hay algo mágico, si no sagrado, acerca de observar a la tierra renovarse en pleno florecimiento de la primavera.
Sin embargo, para muchos padres, especialmente las madres y los padres de los jóvenes a los que oriento, esta temporada debe venir con una señal de advertencia- de que con la primavera llega la fiebre de primavera.
Como están las cosas, muchos de mis jóvenes están acostumbrados a hacer lo que quieran y muchos también son bastante impulsivos. Ninguno de estos son buenos rasgos. Así como los adultos esperan la primavera, para salir más, hacer más, disfrutar el clima y especialmente socializar, el adolescente también lo hace. Los padres necesitan estar preparados. La falta de preparación, además de los hogares no estructurados, la impulsividad, mas que la juventud equivale a una época de arrepentimiento.
Permítanme compartir algunas de las experiencias pasadas.
Los años previos a la adolescencia son cruciales. Aquí es donde los niños aprenden los hábitos, los rituales y las tradiciones de sus familias. Si los niños se mantienen ocupados en actividades saludables, se convertirán en buenos administradores del tiempo. También se van a asociar con otros niños con valores similares y por lo tanto estarán rodeados de personas exitosas. ¿Hay excepciones? Por supuesto, siempre habrán excepciones.
Sin embargo, muchos de los jóvenes a los que he conocido no son criados en ambientes estructurados. Muchas veces le he preguntado a un padre que me diga las cosas que le gusta hacer a su hijo. La pregunta pretende decirme qué tan bien conoce este padre a su hijo.
Los resultados han sido trágicos. Una vez durante una visita familiar, le pedí a la mamá de “Bill” que me dijera qué tipo de cosas disfrutaba hacer “Bill”. Ella me encogió los hombros. No tenía ni idea.
“No conoce muy bien a su hijo,” dije. Ella frunció el ceño y me dijo que me fuera. Lo hice.
Desafortunadamente, he conocido a muchos padres como la mamá de Bill que no conocen a su hijo.
Si estoy dando una clase sobre comunicación, hago que los padres escriban en una nota tres cosas en las que su hijo es bueno y tres cosas que su hijo espera lograr. Esto puede resultar ser un proceso para muchos padres. Sin embargo, si reúno a los padres de un grupo de atletas de secundaria, los resultados serán bastante diferentes. Las diferencias son crudas y sin embarco tan esclarecedoras, como el por qué algunos niños son tan exitosos y otros no.
Un padre debe convertirse en un estudiante de su hijo. Debe estudiar ese hijo, sus fortalezas y debilidades, sus habilidades y sus habilidades potenciales. En el proceso de hacer esto, un padre comenzará a tener una idea general pero mejor de quién será su hijo cuando crezca.
A veces podemos observar temprano, por ejemplo, que su hijo no estará feliz trabajando dentro de un edificio cuando sea un adulto. Esta es una de las muchas tareas que un padre tendrá que hacer. Es una tarea necesaria. Generalmente los niños no encuentran naturalmente su camino en la vida. Nosotros los padres necesitamos guiarlos.
Nunca es tarde para comenzar a estar involucrado en la vida de su hijo, pero entre más temprano, mejor. Usted, el padre, siempre será la influencia más grande de su hijo. Haga que cuente.

Issue Month: 
Wednesday, March 1, 2017