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Primera Venta de Frida Kahlo

  • Dra Elliot Bostwick Davis. Foto por Catherine Rendón.
  • Frida Kahlo y su esposo, Diego Rivera, “la paloma y el elefante”. Foto del Museo de Bellas Artes de Boston.
  • Dos Mujeres. Frida Kahlo. óleo sobre lienzo. 53 x 69 cm. Museo de Bellas Artes de Boston.

A finales del 2016 el Museo de Bellas Artes de Boston (MFA) adquirió Dos Mujeres, la primera pintura de Frida Khalo vendida como artista. En la actualidad corona una extraordinaria colección de pinturas icónicas, esculturas y material cultural de tesoros precolombinos, hasta raíces coloniales de Nueva Inglaterra en el último piso del Ala Arte de las Américas. Gracias a la Dra. Elliot Bostwick Davis, John Moors Chair, esta pintura ahora pertenece al MFA de Boston y esta disponible para que todos la disfruten, “Dos Mujeres” es uno de los doce lienzos de Kahlo que ahora reside en un museo público en Estados Unidos, y es el primero de Kahlo en llamar hogar a un museo de Nueva Inglaterra.
En el verano de 1929, Frida de 22 años vendió esta pintura a un empresario estadounidense, Jackson Cole Phillips, un mes antes de su matrimonio con el famoso pintor Diego Rivera. Phillip fue presentado a los círculos artísticos de México por el etnógrafo estadounidense, Frances “Paca” Toor, fundador de Mexican Folkways. Esta importante publicación presentó el talento de artistas mexicanos y extranjeros que apoyaron el proyecto nacional por una nación mexicana más tolerante y abierta. Toor convocó a los artistas más talentosos trabajando en México en el momento de transmitir los valores de un México nuevo, uno orgulloso de su herencia indígena y ansioso por abrazar una sociedad más progresiva. Todos estos se presentan en esta pequeña y excelente exhibición, en exposición hasta el 1 de Marzo de 2017. Muchas de estas piezas han estados juntas hace mucho tiempo desde que fueron adquiridas por Phillips durante su estancia en México. Phillips siguió siendo amigo de toda la vida de Kahlo y Rivera.
Entre las obras que Phillips coleccionó estuvieron muchas que provenían del establo de artistas de Toor como los fotógrafos estadounidenses Edward Weston y Tina Modotti, así como el famoso pintor guatemalteco, Carlos Mérida. Frida también estuvo entre los amigos de Toor y a través de su matrimonio con Rivera, se volvió parte de una comunidad más amplia de artistas que tenían una agenda política. A la larga, la producción artística de Kahlo giró alrededor de su vida, sus retrocesos personales y sus paisajes emocionales. Todos estos artistas se conocían y vivían en una dinámica, México moderno donde las tradicionalmente subvaloradas artes nativas y la gente fue abrazada en un renacimiento artístico poderoso.
La herencia mixta de Kahlo de alemán e indígena, serviría como un lienzo personal único donde la vida y el arte crearon un nuevo lenguaje pictórico que combinó una variación en la tradición popular de “Milagros”, donde las desgracias privadas fueron compartidas como un agradecimiento y una prueba de una transformación positiva, el “milagro”. Encontrándose en el centro de esta comunidad políticamente comprometida, que abrazó la diversidad como una pieza central de un nuevo nacionalismo, la joven Frida floreció. De su matrimonio con Rivera, los padres de Frida comentaron que fue como un elefante casándose con una paloma. Así como eran físicamente opuestos, así también difería su arte, la gran y audaz escala de Rivera, mientras que Kahlo era más íntima, ingenua y delicada.
Cuando visité en enero esta exposición hermosamente organizada, la Dra. Davis me mostró varias firmas al respaldo del lienzo de la pintura titulada “Dos Mujeres”. Las palabras: “una noche muy agradable” ancla la escritura al respaldo del lienzo la cual también esta en exhibición. Esto narra la feliz ocasión donde el empresario estadounidense Phillips, que fue invitado a esta reunión por Toor, decidió comprar una de las pinturas de Frida. Fue causa de celebración ya que esta venta marca oficialmente el comienzo de la carrera de Frida como artista. Entre las firmas que conmemoran este evento están las de la hermana de Frida, Cristina, Frances “Paca” Toor, la de la artista y otras de manos menos legibles. El Dr. Davis también señaló cómo en 1928 (el año en que Kahlo pintó las “Dos Mujeres”) Frida seguía firmando su nombre con una “e” como en la ortografía alemana de su nombre.
Las dos mujeres en en el retrato de Kahlo han sido identificadas como Salvadora y Herminia. Ambas fueron caras familiares para Frida, como sirvientas al empleo de su familia en su casa de infancia, la Casa Azul en Coyoacán. Puede que ambas mujeres hayan conocido a Frida cuando era niña y adolescente, y cuidaron de ella durante su larga recuperación después del trágico accidente de tranvía en 1925 que casi acaba con su vida. Puede haber sido durante su convalecencia (la primera de muchas que debían seguir durante su vida) que Frida comenzó a pintar con un caballete pequeño que su mamá le dio. Frida había aprendido muchas habilidades de su padre fotógrafo y le ayudaba a retocar retratos, así que no sorprende que ella escogiera pintar los retratos de dos sirvientas de la familia.
Sabemos muy poco sobre estas dos mujeres, a excepción de sus nombres. Sabemos que en el momento, Frida fue aficionada a dos artistas del renacimiento, principalmente Bronzino y Botticelli, y que su estilo distintivo de representar dos figuras lado a lado mostrando su semejanza en el perfil de tres cuartos en vez de desde el frente, le gustaba. Aquí, Kahlo escogió poner a las mujeres lado a lado como un poderoso escudo tótem de tranquilidad y fortaleza. La composición fuerza al espectador a leer la pintura de izquierda a derecha, entrando así en su mirada inexpresiva pero hipnotizante. Ninguna mujer sonríe ni juzga al espectador; cada una refleja a la otra, y ambas aparecen planas como muñecas de papel y recuerdan las siluetas egipcias antiguas.
A mediados de la década de 1920 el “indigenismo” era el furor y parte del clima progresista de incorporar todas las cosas indígenas a la vida diaria mexicana que había comenzado a estar de moda después de la Revolución Mexicana. Dado que la mamá de Frida era de Oaxaca y de sangre indígena, esta descripción podría ser un tributo a sus raíces nativas y un intento por representar la dignidad innata de dos mujeres trabajadoras. Quizás en este punto, Frida todavía no se había dado cuenta de la potencia que estas figuras primordiales femeninas inculcaron en su ser.
Luego, Frida vestiría la ropa típica de una Tehuana (una mujer del istmo de Tehuantepec) como una declaración. Mediante el uso de ropa, accesorios y peinados típicos mexicanos, Frida canalizó sus raíces amerindias con artificio y estilo y creó un prototipo de una marca multicultural que eventualmente se volvería parte del vocabulario convencional exótico de Latinoamérica. En su retrato, Salvadora y Herminia, aparecen claramente vestidas, sin algún indicio de su ocupación o edad, y todavía existe una innegable atemporalidad sobre su presencia y pose. Al igual que algunos retratos de Gauguin de la vida en el Pacífico Sur, Kahlo nos ofrece rendición suave y tranquila del poder de lo exótico en la vida diaria de su mundo mexicano.
A medida que los autorretratos de Frida evolucionaron y Kahlo se sintió más cómoda explorando sus dolores y contratiempos personales, creó una voz visual inconfundible que combinada la sencillez de un cuadro “Milagro” con florecimientos surrealistas. Aunque después la Frida que nos miraba desde sus muchos autorretratos mostraba su dolor y fatalismo, Kahlo nunca logra el aire inescrutable que Salvadora y Herminia exudan.
Las complexiones más oscuras de las mujeres sugieren sus orígenes indígenas y la diversidad indígena de México. Como para el fondo de hojas de cítricos que se encuentran detrás de ellas y sirve como papel tapiz de tipos, con sus líneas repetitivas rotas por un doble racimo de limas y dos mariposas que enmarcan diagonalmente a ambas mujeres, esto agrega dimensión de formalidad a su presencia. De nuevo, estos duplicados de frutas e insectos, muestran el vínculo cercano entre Salvadora y Herminia, aunque no creemos que estén relacionadas o cerca en edad, aunque comparten una vida en la casa de Kahlo y en los ojos de Frida. Este acoplamiento de la naturaleza con sus personas, puede insinuar su pasado indígena compartido y la cercanía al mundo natural, y quizás incluso uno más místico donde el mundo animal y espiritual se juntan.
Parece que la llegada de Salvadora & Herminia al MFA es oportuna. Durante mi tiempo en el MFA con Kahlo y compañía, escuché y vi a muchos visitantes comentar sobre “Dos Mujeres” de Kahlo, así como de la obra de Rivera y los amigos que los acompañan. Escolares- de Centroamérica, Cabo Verde, Asia y Estados Unidos- fueron atraídos hacia la órbita de calma de Salvadora y Herminia. Quizás ella les recordaron a las madres o hermanas o abuelas...
No solo estas dos mujeres nos muestran la interconectividad de las personas de nuestro continente, sino también cómo la presencia de nativos americanos todavía esta con nosotros hoy. En estos tiempos inusuales, donde el multiculturalismo esta siendo cuestionado y desmantelado, “Dos Mujeres” de Kahlo ofrece un guiño a la diversidad, paciencia y perseverancia. Salvadora y Herminia miran hacia nuestro siglo XXI con la misma seguridad y confianza con que lo hicieron hace casi 90 años. Su mirada va más allá de las paredes del museo y transmiten un mensaje universal más profundo de tolerancia, compasión y sabiduría que esperamos que prevalezca. Al lema de Kahlo, ¡Viva la vida! que aparece tallado en una sandía en su última pintura de naturaleza muerta, le agregamos más: ¡Viva Boston!
(Nota del editor: "Dos mujeres" se pondrán en exhibición permanente en el ala de las Américas más adelante este año.)

Issue Month: 
Wednesday, March 1, 2017