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María azotó la diáspora boricua

 

Para el día de este escrito ya se había cumplido una semana sin que muchos de nosotros no tuviéramos comunicación con los nuestros– solo la esperanza de que estuvieran bien, comiendo diario y con suficiente agua para cubrir sus necesidades. Es que María no azotó con lluvia ni viento a los puertorriqueños de la diáspora, pero sí nos ha dejado con dolor y lágrimas en el corazón.

Han sido días de angustia. De marcar cada cinco minutos ese número de celular con la esperanza de que suene y escuchar, al menos, un hola desde el otro lado. Ese sentido de impotencia se acrecienta y quema en el espíritu.

Si algo ha dejado claro María es que los puertorriqueños seguimos siendo un pueblo, no importan dónde estemos. La respuesta ha sido inmediata: ayuda para los nuestros, porque Puerto Rico se levanta. No había pasado un día cuando los hermanos latinos se unieron a nuestro dolor–dejando a tras esa brecha racial y convirtiéndonos en un solo pueblo.

Puerto Rico es grande. Es un pueblo de luchas que no se deja vencer. Es un pueblo de agallas que no se arrodilla ante la adversidad.

La diáspora lo ha dejado saber. Es para hincharse el corazón ver esos aviones salir de aquí y de allá repletos de materiales para los nuestros. Cuando llegue el Internet a Puerto Rico de algo estoy seguro, los de allá entenderán que los que nos fuimos a buscar nuevos horizontes, porque no nos conformábamos con lo que sucedía, NUNCA nos hemos quitado. Nos fuimos a estar listos para ayudar cuando nos necesitaran. Pues, de algo estoy seguro, si le preguntas a algún puertorriqueño dónde quisiera nacer nuevamente, ellos les responderán “en Borinquén”, porque somos boricuas aunque estemos en la luna.

 

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Wednesday, October 18, 2017