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¡Quines somos!

  • Minna Betancourt
  • Hurricane Harvey evacuees at a FEMA dome in Corpus Christi, Texas. (Gabe Hernandez/Corpus Christi Caller-Times via AP)
  • Evacuee, Malachia Medrano, 2, sleeps at the George R. Brown Convention Center in Houston, Texas. (AP Photo/LM Otero)

   Comencé escribiendo este articulo hace ya bastante tiempo, cuando los vergonzosos incidentes en Charlottesville estaban en pleno apogeo. Y todos nos vimos involucrados en uno u otro lado. Bueno, más bien, todos fuimos de un polo a otro decidiendo quien tenía la razón. Por supuesto, y como es común, algunas declaraciones, por algunas personalidades famosas (¿o infames?), añadieron más leña al fuego que ya ardía. Así que, un artículo sobre la diferencia entre tolerancia y aceptación ya no tenía sentido.

   Unas semanas más tarde estaba ayudando a una amiga a rellenar la planilla de naturalización, y se me ocurrió que a lo mejor este no era el momento adecuado para aplicar por la ciudadanía. A lo mejor ser Hispano y tratar de convertirse en ciudadana norteamericana en un momento en el que todos estaban contra todos…en este momento en el que norteamericanos estaban haciendo trizas a otros norteamericanos…en un momento en el que ser extranjero era una amenaza.

   Así es que tenía que averiguar qué le hacía desear ser norteamericana en este odioso y perverso momento. Su respuesta ha sido ejemplificada un millón de veces a lo largo de estos difíciles momentos en los Estados Unidos y el exterior, y continúa resonando en mis oídos mientras escribo esto: ¿Tú entre todo el mundo? ¿Tú, quien siempre me has dicho que las diferencias son solo falta de conocimiento y entendimiento? ¿Tú, quien siempre me has dicho que todo el mundo tiene algo bueno que aportar? ¿Tú, quien siempre repites que todo el mundo es único, valioso, y especial? ¿Cómo puedes tu preguntarme eso?

   Y ahora, después de todas estas tragedias, caí en la cuenta que a pesar de que toda esta retórica entre la derecha y la izquierda, junto con las condenas expresadas por ciertos personajes conocidos, y el disgusto expresado por otros aun continua, los huracanes Harvey, Irma, y el terremoto en México vinieron para recordarnos quienes somos en realidad y de qué madera estamos hechos. Y nuevamente reforzaron mi convicción de que yo vivo en EL MEJOR PAIS DEL MUNDO. No, no por su fortaleza militar y armamentista, sino por su gente.

   ¿Quién puede olvidarse de las imágenes del grupo de voluntarios llamados los “Cajun Navy,” que usó sus botes de recreación junto a muchos otros mortales comunes que utilizaron botes de todos los tamaños y modelos para rescatar a otros, yendo de casa en casa, rescatando adultos, niños, y hasta animales, sin importarles su religión, raza, nivel económico, o nacionalidad? ¡Probablemente estos individuos eran los mismos que habían sido aupados y presionados por la retórica de personalidades influyentes solo unas semanas antes!

   ¿Quien puede olvidarse de las imágenes de extraños abrazando y consolando a extraños y poniendo sus vidas en riesgo para salvar a otros? Aun recuerdo el vaquero a caballo, slavando a un caballo de ahogarse. Tambien recuerdo claramente la imagen de los trabajadores de la panadería El Bolillo, horneando docenas de pan dulce para alimentar a aquellos que lo necesitaban. Y nunca me olvidare de Jim McIngvale, el dueño de la mueblería que abrió las puertas de su negocio para que la gente pudiese dormir en colchones y sofás que nunca habían sido usados.

   ¡ESA ES AMERICA! Esa es el país que yo AMO, RESPETO y al cual me pliego. El país donde aquellos que no tienen nada que ganar, lo dan todo de sí porque no tienen nada que perder. Sin apariciones preparadas y montadas. Sin discursos de campaña escritos y sin publicidad. Sin planes políticos o partidistas llenos de egoísmo y fines específicos. ¡De hecho, ni siquiera sabíamos quiénes eran, ni cuáles eran los nombres de esas personas antes! Pero ellos son los que hacen a Norteamérica UN GRAN PAÍS. ¡Lo que SIEMPRE HA SIDO!

   Norteamérica siempre ha sido un gran país, y nadie debe acreditarse por haberla hecho así. Norteamérica siempre ha sido un gran país porque desde el comienzo su gente ha sido capaz de vivir unida, acogiendo a “los pobres, los cansados, y aquellos que añoran respirar libremente.” (Emma Lazarus, The New Colossus, 1883). Tal y como lo describe Bruce Thornton, de la Universidad de Standford en el 2012: “en vez de asimilarse, los diferentes grupos étnicos han logrado coexistir como entidades separadas, como los ingredientes de una ensalada, unidos solo por el aderezo de la ley y el mercado.” Acuñado en los anos 60, de ahí viene el término el “cuenco de ensalada”.

   Por supuesto que tenemos diferencias, y siempre existirán. Hey, los tomates, la lechuga, y los pepinos lucen completamente diferentes! Pero combinados, incluso si no en la misma proporción, y cubiertos por completo por el aderezo, la ensalada sabe deliciosa. Sí, tenemos puntos de vista distintos respecto a muchas cosas, pero a la final somos como muchas familias disfuncionalmente felices, donde los hermanos discuten y se pelean por diferentes cosas, pero al final aceptan, en vez de tolerar, las diferencias.

   Nosotros, como nación deberíamos funcionar como una familia muy grande, en donde los padres, maestros, y otras figuras de autoridad se comportan como modelos y no como instigadores. Norteamérica, los americanos, tienen la capacidad de estar de acuerdo en no estar de acuerdo con las diferencias. Los americanos, son definitivamente UNA GRAN GENTE que forma UNA GRAN NACION. Convertirse en americano es definitivamente el más alto y grande honor que nadie pueda desear y obtener.

     Nota del editor: Minna Betancourt es consejera de salud mental y adicción en el centro de recuperación asistida de Savannah.

 

Issue Month: 
Wednesday, October 18, 2017