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Lecciones pasadas de Puerto Rico a Savannah

  • Adriana Iris Boatwrightle da un abrazo a su madre Iris Nieves. (Steve Bisson/Savannah Morning News)
  • Norman Baez, el compañero de Iris Nieves. (Steve Bisson/Savannah Morning News)

     Iris Nieves dice de su penosa experiencia con el huracán Maria en su natal Puerto Rico que “fue a dormir en 2017 y se despertó en 1950.” Pero la verdad es que la mujer de 74 años no durmió en toda la noche hace más de un mes, cuando la feroz tormenta de categoría 4 azotó su amada isla.
     “Fue demasiado fuerte. Estaba muy sensible,” dijo. “Durante 12 horas estuvo penando muy fuerte. Las ventanas vibraban. Se sentía como si estuviera pasando un terremoto por la casa.”
     Nieves habló principalmente en español, con su hija Adriana Iris Boatwright traduciendo. Boatwright es una residente de Savannah de 20 años y contribuidora regular de Savannah Morning News. La madre y la hija, junto con el compañero de mucho tiempo de Nieves, Norman Baez, hablaron sobre sus experiencias con el huracán Maria para levantar conciencia aquí sobre la continua situación de los puertorriqueños y advertir a los residentes de Savannah sobre la necesidad de prepararse para los huracanes.
'No quedó una hoja verde'
     Nieves y Baez llegaron a Savannah el 4 de octubre desde su casa en Carolina, al norte de  la capital de San Juan. El huracán Maria pegó el 20 de septiembre pero a Boatwright le tomo todo ese tiempo, además de la ayuda de un amigo en American Airlines, para sacarlos. Cuando finalmente abordaron su vuelo, habían estado sin electricidad y agua durante más de tres semanas, Él tiene diabetes. Ella recientemente tuvo un reemplazo de rodilla.
     A pesar de las interrupciones telefónicas casi por completo, Boatwright nunca perdió contacto con su mamá. Ellas se enviaron mensajes de texto durante y después del huracán Maria, por lo que Boatwright se siente agradecida y culpable, lo último porque muchos quedaron en el limbo durante mucho tiempo. “Se que muchas personas todavía no han podido contactar a sus seres queridos,” dijo Boatwright con un nudo en su voz.
     Boatwright sospecha que pudieron mantenerse enviando mensajes de texto – las llamadas no funcionaban – porque su mamá esta suscrita a un servicio de celular local de Puerto Rico, uno por el que su familia se burla porque es muy pequeño, pero funcionó.
     Nieves y Baez se aventuraron a salir después de la tormenta para darse cuenta de que su patio, una vez opulento de árboles de mango, banano y guayaba, había sido arrasado. Su fuerte casa de bloques de concreto no fue dañada pero los pisos superiores de madera de las casa de los vecinos habían volado a su patios bloqueando su salida. Los vecinos les ayudaron a limpiarlo para que pudieran salir. Su isla, siempre tan verde con vegetación tropical, había quedado desbastada. “Es una completa devastación lo que hay allá,” dijo Baez, de 69 años. “No quedó una hoja verde,” dijo Nieves. “Es como si hubiera una bomba nuclear.”
tantas botellas de agua – 120 galones – que Boatwright se burló de él durante una visita de verano. Un tanque en el patio tenía aún más agua y se llenaba cada mayo en anticipación de la temporada de huracanes. Tenían un generador funcionando y combustible para él, además de insulina extra y otros medicamentos.
     Después de Maria, se unieron con sus vecinos a las largas filas para conseguir combustible, levantándose a las 2 a.m. y quedándose en la fila toda la noche para evitar el calor del sol tropical. Dependieron de alimentos enlatados porque no había comida fresca. Señales en los refrigeradores de los supermercados advertían que la comida que tenían no se podía vender porque la pérdida de electricidad significaba que no podían estar seguros del deterioro de la comida. En una tienda Nieves agarró una barra de mantequilla, decidida a  comprarla a pesar de dudar sobre su frescura. El administrados se la arrebató de su mano.
     Las largas filas, la nueva rutina de la vida diaria y el hecho de que no hay un final a la vista, los llevó a tomar la decisión de irse. “A mi edad no estoy para hacer una fila por 12 horas para conseguir combustible, y luego en el cajero automático y luego para comprar comida, “ dijo Nieves.
Ciudadanos estadounidenses también
     Por ahora Nieves esta feliz de estar con su hija en una casa donde puede preparar sus platos favoritos puertorriqueños como arroz con gandules y pollo Fricasse. Pero las noches han sido duras. Baez no había podido quitarse el hábito de levantarse a rellenar el generador cuando se despertaba en el tranquilo barrio de Halcyon Bluff. Soñaba que estaba atascado en el tráfico tratando de conseguir combustible. A principios de esta semana Nieves se levantó en la noche y se tropezó con su equipaje, lastimándose la pierna con el reciente reemplazo de rodilla. Cosmetóloga durante 30 años, le dolía tanto la pierna como la rodilla para arreglarse el pelo antes de ir al médico.
     El viernes había pasado un mes desde el huracán Maria, pero el 81.5% de Puerto Rico todavía seguía sin electricidad. En contraste con la experiencia de la costa de Georgia con el huracán Matthew, que pegó el 8 de octubre, 2016 y dejó sin electricidad a casi 340,000 clientes. Cinco días después, solo un 1% de ellos seguían sin electricidad. A los que se las pudieron restaurar, se la restauraron seis días después de Matthew, dijo la portavoz de Georgia Power Meredith Stone.
     Casi cuatro de 10 líneas telefónicas, tanto de líneas terrestres como móviles, siguen sin funcionar. Casi el 30% de los puertorriqueños siguen sin agua y sin alcantarillado. Hasta el viernes, la cifra de muertes de Maria rosa a 49, después de que los oficiales confirmaron una muerte por una enfermedad bacteriana, leptospirosis, que se propaga a través de la orina de los animales, reportó la Prensa Asociada. Los oficiales están investigando al menos otros 74 casos sospechosos de la enfermedad.
     “Esta muriendo gente todos los días,” dijo Boatwright. “No pueden encontrar agua. Están lavando su ropa en el río y el agua esta contaminada de bacteria.”
     Nieves y Baez no regresarán a Puerto Rico hasta que estén seguros de que la vida esté cerca de lo normal, quizás después de Navidad dijeron. Mientras tanto, es frustrante cuando los estadounidenses no comprenden que los puertorriqueños también son estadounidenses. “La gente pregunta si usted tiene tarjeta de residencia,” dijo Nieves. “¿Cuál tarjeta de residencia? Soy ciudadana estadounidense.”
     Boatwright ve un problema de justicia con el ritmo lento de recuperación en Puerto Rico. FEMA sigue atendiendo a Savannah después de el menos impactante huracán Irma. Cinco casas de la calle de su Halcyon Bluff se inundaron. Con la asistencia de FEMA estarán de regreso a sus hogares que incluyen nuevos “diseños de cocinas” para Navidad, dijo Boatwright. “Estos son mis vecinos y yo los quiero, estoy muy agradecida de que esa sea su realidad,” dijo ella. “Pero estas personas (en Puerto Rico) están esperando (simplemente) electricidad para Navidad.”
     Boatwright, quien ya ha ayudado a reunir y cargar donaciones para enviar a la isla, planea involucrarse en la reconstrucción. “Siento un desafío de ir y ayudar,” dijo. “Va a suceder,  eventualmente viajaré.”
     Su mamá anima a todos a hacer lo que puedan por ayudar. “Por favor ayuden y donen lo que puedan,” dijo. “Hay gente sin agua para tomar. Todavía hay gente que sigue con hambre. Por favor ayuden cuanto más puedan.”
     Y sean agradecidos por la oportunidad de salir fuera de peligro cuando un huracán se aproxima,” dijo. Los isleños no tienen esa opción. “La gente en Savannah donde los huracanes se están volviendo parte de lo normal últimamente, no debería ignorar nunca las advertencias y deberían estar siempre preparados,” dijo. “Ustedes tienen la oportunidad de salir. Prepárense para lo peor, pero van a tener la oportunidad de salir.”

Issue Month: 
Tuesday, October 31, 2017