La Voz Latina - Su puente a la comunidad Hispana de Georgia y Carolina del sur

Tratar la causa, no el síntoma

  • Minna Betancourt.

Hasta ahora han habido 307 asesinatos en masa en los Estados Unidos en el 2017. No todos estos casos han recibido cobertura, al menos no a nivel nacional. Muchos de ellos no ameritaron comentarios de funcionarios del gobierno. Sin embargo, en todos los casos personas inocentes fueron asesinadas y las familias han quedado devastadas para siempre.

Este tema es importante en estas fechas en las que la depresión se acentúa debido a las festividades: el día de acción de gracias, las navidades, y el año nuevo, intensifican la aparición de la depresión en muchos, y la depresión provoca comportamientos impulsivos con nefastas consecuencias. La violencia doméstica, el abuso infantil, el suicidio, y la criminalidad, generalmente aumentan durante estas festividades. La pobreza, el aislamiento, la soledad, y la desesperanza son el denominador común.

Si bien los ataques en Fort Lauderdale y Nueva York, cometidos por personas que profesaban el islamismo, ameritaron declaraciones por altos funcionarios del gobierno recalcando la necesidad de construir la famosa pared y prohibir la inmigración desde ciertos países, los ataques en Las Vegas y Texas, cometidos por ciudadanos norteamericanos, fueron catalogados como el producto de enfermedades mentales. Al final, vidas fueron sacrificadas, familias fueron destruidas, y la nación está de luto.

Mucho hablamos sobre la violencia, pero es muy poco lo que sabemos acerca de ella.

Los terroristas y asesinos en serie no tienen una mutación genética, y no necesariamente sufren de una enfermedad mental. De hecho, las enfermedades mentales por si mismas no llevan a una persona a cometer actos de extrema violencia. ¿Sera la solución la prohibición de portar armas? ¿O armar a más personas hará la diferencia? ¿Debemos invertir más tiempo y dinero en identificar y tratar a las personas con enfermedades mentales?

            No es el acceso a las armas, sino la habilidad de recibir cobertura infinita por todos los medios. Desde la internet hasta todos los medios impresos. Los medios alimentan la locura y el desenfreno. El ser reconocidos, ya sea positiva o negativamente, es y siempre ha sido el arma más poderosa para los sumisos, los débiles, y los olvidados. Se ve en el caso de los pendencieros, así como en los criminales de todo tipo, incluyendo terroristas y asesinos en serie. Familias severamente disfuncionales, violencia doméstica, abusos infantiles monstruosos, abandono, el choque cultural, y valores y sentidos de la moral débiles. Autoestima baja, ausencia de guía y soporte social por parte de amigos y la comunidad, fracaso en la escuela, el trabajo, y en el amor. Si, algunos escogen la violencia, otros las drogas y el alcohol, pero a la final, el resultado es el mismo: ninguno de ellos tiene nada que perder. Eso no es genético, eso es un problema social.

            Y es aquí donde debemos parar, reflexionar, y analizar el efecto cuando se juntan ciertas condiciones. Cuando mezclamos la rabia, el dolor, la impotencia, la carencia de humanidad, el respeto a los mayores y la autoridad, una erosión profunda de los principios éticos, y la glorificación de la violencia a través de videos, el cine, y la música, además de la aprobación implícita a través de, al menos, el silencio en las altas esferas de nuestro país, junto al fácil acceso a las armas que les permiten a estos individuos matar a distancia, estamos preparando la mecha. No, eso no es enfermedad mental, ni tampoco es terrorismo.

Cuando uno trabaja en un medio como el mío en donde se tiene que lidiar con pendencieros en la escuela, niños de tan solo 18 meses con ambos brazos fracturados debido a abusos atroces, docenas de jóvenes muriendo de sobredosis todos los días, y niños de tan solo 9 anos de edad suicidándose, uno percibe el problema de manera completamente diferente. Un arma no convierte a una persona en asesino, ni siquiera una enfermedad mental. Pero cuando algunos elementos se juntan la labor es ciertamente más fácil.

¿Y que estamos haciendo? ¿Como estamos enfrentando estos hechos? ¡Los hacemos virales! Por favor, vamos a enseriarnos: ¿Quién es más responsable, el que comete el crimen o el que lo publica para que miles puedan enterarse? Nos estamos volviendo completamente inmunes al dolor, y los asesinos terminan siendo glorificados y excusados por un sinnúmero de explicaciones. Las discusiones se vuelven incendiarias y las divisiones se acentúan.

Aceptémoslo: todos somos responsables de una manera u otra. Desde aquel que mira a otro lado cuando ve a alguien siendo acosado, hasta aquel que publica el video de un suicidio en la internet. Todos somos responsables. Paremos las categorizaciones, las etiquetas, los análisis, y los diagnósticos. Debemos volver a ser humanos. Enfrentemos el dolor ajeno como si fuese el nuestro. Aceptemos que hay otros menos afortunados que nosotros. Reconozcamos que hay otros que sufren, que han sido maltratados, rechazados, y abusados de formas que nosotros nunca podremos comprender.

Acojamos a aquellos que han venido a este país para prosperar pero que aún están batallando, toquemos la puerta y conozcamos a nuestros vecinos, abramos nuestros corazones a los que viven en violencia doméstica y a los que sufren de adicción. Y por supuesto, vamos a invertir en nuestro capital humano ampliando el acceso a todo tipo de servicios, en especial adicción y salud mental.

No, prohibir la posesión de armas no va a eliminar el dolor. Las etiquetas no van a eliminar la violencia. La única forma de obtener los resultados que deseamos es abriendo nuestros corazones y rodeando a nuestros semejantes de amor, comprensión, y aceptación. Este es el momento del año en el que damos gracias, compartimos, y nos reunimos con la familia y los amigos. Vamos a hacer de este año el mejor de nuestras vidas para cambiar nuestras opiniones y perspectivas y dedicarnos a hacer las vidas de otros dignas de ser vividas a plenitud, valiosas, y sagradas.

 

Issue Month: 
Wednesday, December 13, 2017